Un bloque de madera y una cuchara están junto a un recipiente con agua. Antes de colocar cada objeto, un niño puede imaginar si permanecerá en la superficie o irá hacia el fondo. Después lo observan con un adulto. La predicción y el resultado se registran por separado: descubrir algo inesperado también es una forma de aprender de la prueba.
Preparen una prueba pequeña y supervisada
Elijan un recipiente estable y poco profundo, colocado sobre una superficie donde se pueda secar el agua derramada. Un adulto permanece presente durante toda la actividad, prepara el agua y la vacía al terminar. Una toalla cercana facilita atender derrames de inmediato. El niño no debe quedar sin supervisión junto al recipiente; si no es posible mantenerla, conversen con imágenes y dejen la prueba con agua para otro momento.
Seleccionen unos pocos objetos grandes, seguros para los participantes y aptos para mojarse: por ejemplo, un bloque de madera sellada y una cuchara grande sin bordes cortantes. Eviten objetos pequeños cuando no sean adecuados para la edad, además de vidrio, materiales eléctricos y piezas desconocidas. El adulto revisa los objetos concretos antes de usarlos. Los nombres de los materiales no garantizan por sí solos el resultado de todos los objetos posibles.
Pongan suficiente agua para que el objeto elegido pueda moverse sin quedar apoyado inmediatamente por falta de espacio, pero no tanta que se derrame con facilidad. Prueben uno por uno. Si un objeto queda atrapado contra la pared o toca el fondo al colocarlo, registren esa condición y decidan con el adulto si es posible repetir la prueba de manera clara y segura.
El niño puede elegir el objeto, mostrar una predicción, indicar dónde colocarlo o pedir que un adulto realice el movimiento. También puede escuchar la descripción de un compañero. Tocar el agua o manipular los objetos no es obligatorio. Una respuesta oral, un gesto, una tarjeta o un dispositivo de comunicación pueden expresar una elección o una pregunta.
Acuerden qué significan las palabras en esta escena. Para el juego, «flota en la superficie» describe un objeto que, al soltarlo y cuando el agua se calma, permanece en la superficie; una parte puede quedar sumergida. «Se hunde» describe el objeto que desciende y llega al fondo en el recipiente elegido. Si queda sujeto a una pared o su posición no se ve bien, digan «todavía no sabemos» en vez de forzar una clasificación.
Una sola prueba puede ser suficiente. El niño puede decidir no hacer una predicción, observar un objeto y pasar a otra actividad. Una lista larga no mejora automáticamente la investigación. Lo importante es conservar una pregunta clara y distinguir lo que se esperaba de lo que realmente se observó.
Primero predigan y después observen
Muestren el bloque elegido antes de acercarlo al agua. Pregunten: «¿Qué crees que pasará con este bloque?» El niño puede responder «flotará», «se hundirá», «no sé» o formular otra idea. Si quiere guardar su predicción, puede elegir una tarjeta o pedir a alguien que la escriba. Si no quiere predecir, puede observar directamente.
El adulto coloca el bloque con cuidado sobre el agua y lo suelta. Esperen a que la superficie se calme y miren dónde queda. Si una parte permanece por encima del agua, pueden describir: «Nuestro bloque está flotando en la superficie». Si llega al fondo, registren eso. El resultado corresponde a ese bloque y a esa prueba; no se debe cambiar para que coincida con la predicción.
Si el niño había dicho que el bloque se hundiría y observan que flota, ambas frases pueden conservarse: una es la predicción anterior y la otra describe el resultado. La diferencia no es una falla que deba ocultarse. Una respuesta útil podría ser: «Esperabas que bajara; vemos que quedó en la superficie. ¿Quieres mirar otro objeto o terminar?»
Retiren el bloque y prueben la cuchara en el mismo recipiente. Una cuchara metálica común suele llegar al fondo, pero la observación depende de la cuchara y del montaje concretos. Si queda apoyada contra una pared o una parte sobresale porque el agua es demasiado poco profunda, describan el contacto antes de concluir que flota libremente.
Los tiempos pueden importar. Una pequeña embarcación de juguete puede permanecer en la superficie al principio y más tarde hundirse si entra agua. En ese caso registren ambas observaciones y el cambio visible, en vez de escribir solo la primera o solo la última. No atribuyan una causa específica que no hayan podido comprobar.
Si dos personas describen el resultado de manera distinta, revisen qué parte observó cada una. Quizás una se refiere a que el objeto está parcialmente sumergido y otra a que permanece en la superficie. Esas dos observaciones pueden ser compatibles. Cuando alguien recibió la información mediante una descripción de su compañero, conviene conservar también esa fuente en el registro.
Comparen objetos sin reducirlo todo al peso
Para comparar los objetos de la escena, mantengan el mismo recipiente y la misma agua, y colóquenlos por separado. Un bloque puede permanecer arriba mientras una cuchara llega al fondo. Esta prueba muestra el comportamiento de dos objetos específicos. No demuestra, por sí sola, que todo objeto de madera flote siempre o que cualquier objeto con forma de cuchara se hunda.
El peso por sí solo no basta para predecir el resultado. Un barco grande puede flotar y un objeto pequeño puede hundirse. También importan la forma, el volumen de agua desplazado, los materiales y el aire que pueda quedar dentro de una estructura. En lugar de dar una regla basada solo en «grande» o «pequeño», observen los objetos preparados y expliquen qué saben de cada uno.
El agua ejerce una fuerza hacia arriba sobre los objetos sumergidos, llamada empuje o fuerza de flotación. Un objeto que se hunde también recibe empuje; en esa situación, las fuerzas no lo mantienen flotando en la superficie. Cuando un objeto flota en reposo, el empuje equilibra su peso. Para una explicación más detallada, el capítulo de [OpenStax sobre el principio de Arquímedes](https://openstax.org/books/f%C3%ADsica-universitaria-volumen-1/pages/14-4-principio-de-arquimedes-y-flotabilidad) desarrolla la relación con el fluido desplazado.
Una explicación para el niño puede ser más sencilla: «El agua empuja hacia arriba y el objeto también tiene peso; vamos a mirar qué ocurre con este». No hace falta introducir una fórmula durante la primera prueba. Si el niño pregunta por un barco, pueden observar una embarcación adecuada y hablar de su forma y del aire en su interior sin prometer que cualquier forma hueca flotará.
El estado del objeto también influye. Un recipiente cerrado y vacío puede comportarse de manera distinta si entra agua o si se coloca una carga dentro. Si cambia la cantidad de agua en su interior, el segundo momento no tiene exactamente las mismas condiciones que el primero. Registren el cambio visible y eviten atribuirlo a una sola causa cuando varias condiciones cambiaron.
No es necesario usar sal, otras sustancias ni líquidos diferentes para esta actividad inicial. Cambiar la composición del líquido plantea otra pregunta y requiere preparación y supervisión apropiadas. La comparación con agua y unos pocos objetos ya permite practicar predicciones y observaciones sin ampliar el montaje.
Registren una predicción y una observación
Dividan una hoja en tres espacios: objeto, predicción y observación. El niño puede dibujar una cuchara, colocar un símbolo o dictar sus palabras. Antes de la prueba, anoten lo que espera; después, registren dónde quedó realmente el objeto. Si prefirió no predecir, escriban «sin predicción» en lugar de inventar una respuesta.
Una línea horizontal puede representar la superficie del agua y otra, el fondo del recipiente. Un dibujo del objeto parcialmente sobre la primera línea puede representar que flota; un dibujo junto a la línea inferior puede representar que llegó al fondo. Expliquen la clave al niño y permitan que la cambie. Un símbolo solo comunica lo acordado; no reemplaza el objeto ni reproduce todas sus características.
Si el agua estaba moviéndose o el objeto tocó la pared, añadan una nota breve. Por ejemplo: «La cuchara quedó apoyada en el borde; no observamos movimiento libre». Si repiten la prueba con espacio suficiente, registren ese segundo intento por separado. No borren el primer dato para que la tabla parezca más ordenada.
Una fotografía privada puede conservar la posición en un momento, si la familia desea tomarla. Sin embargo, una imagen fija no muestra necesariamente cómo llegó el objeto allí ni si cambió después. Una nota sobre lo que ocurrió antes y después completa la interpretación. La fotografía no es necesaria y no debe compartirse sin el acuerdo de quienes correspondan.
Al volver a mirar la hoja, pregunten qué información está presente y cuál falta. Un dibujo del bloque en la superficie no indica automáticamente cuánto tiempo estuvo allí ni qué había dentro si era hueco. Si no observaron ese detalle, pueden dejarlo sin respuesta. La incertidumbre forma parte de un registro honesto.
El niño puede elegir no guardar ninguna hoja. Una conversación breve como «Predijiste que bajaría y viste que quedó arriba» ya distingue expectativa y observación. Un adulto puede tomar una nota sobre el apoyo utilizado, pero no debería convertir una prueba en una evaluación general de la capacidad del niño.
Una tabla también puede incluir el estado inicial del objeto: seco o mojado, vacío o con una carga. Escriban únicamente lo que sepan. Si no comprobaron si un recipiente tenía agua dentro, no lo etiqueten automáticamente como vacío. Al repetir el ensayo, esa información ayuda a decidir si las dos condiciones eran comparables.
El niño puede elegir dos dibujos que representen «antes» y «después». En el primero aparece el objeto junto al recipiente; en el segundo, su posición observada. Una flecha puede indicar que fue colocado en el agua, pero no demuestra por sí sola toda su trayectoria. Si se hundió lentamente y después tocó el fondo, una frase dictada puede añadir ese detalle.
Una comparación de resultados no requiere asignar puntos por acertar. Si una persona predijo flotación y otra hundimiento, pueden mirar juntas qué pasó y conservar ambas predicciones con el resultado. Pregunten qué les gustaría investigar después, sin convertir la conversación en una competición. El objetivo es relacionar una expectativa con una observación concreta.
Para conservar una secuencia de cambios, anoten el orden: «taza vacía en la superficie», «se añadió una carga», «la taza quedó más baja» si eso fue lo que vieron. Si no midieron cuánto bajó, no incluyan una cifra. Una descripción cualitativa puede ser suficiente para recordar el ensayo y formular una pregunta posterior.
Cuatro pruebas breves con preguntas distintas
En la primera prueba, observen un solo bloque apto para mojarse. Antes de colocarlo, el niño puede predecir qué ocurrirá; después el adulto lo suelta con cuidado. Si queda en la superficie, anoten qué parte sobresale y si toca la pared. Si se apoya en la pared, repitan solo si es seguro y conveniente. El resultado pertenece al bloque específico, no a cualquier pieza que se llame «bloque».
En la segunda prueba, comparen el bloque con una cuchara grande adecuada. Prueben los objetos por separado y mantengan el mismo recipiente. La pregunta puede ser «¿dónde quedó cada uno después de soltarlo?». Si la cuchara llega al fondo, ese es el dato de la cuchara elegida. El niño puede señalar dos símbolos diferentes o escuchar una descripción sin necesidad de tocar el agua.
En la tercera prueba, utilicen un recipiente pequeño y seguro que pueda quedar libremente en la superficie del recipiente mayor. Obsérvenlo vacío y después con una carga grande y apropiada. La segunda prueba cambia la carga; si además entra agua, esa condición también debe anotarse. Una embarcación que se inclina o toma agua puede comportarse de modo diferente a la misma embarcación vacía.
En la cuarta prueba, el adulto coloca el mismo objeto orientado de dos maneras, si su forma lo permite. Una tapa con un hueco, por ejemplo, puede presentarse con el hueco hacia arriba y después hacia abajo. No presupongan que ambos ensayos tendrán resultados idénticos. Registren si queda agua o aire en el interior y qué parte permanece en la superficie, siempre que esos detalles se puedan observar.
Antes de cada intento pueden acordar qué condición permanecerá igual. Para comparar la orientación de una tapa, usen la misma tapa, el mismo recipiente y una cantidad de agua apropiada. Si se usa otra tapa o se añade una carga, ya existen más diferencias. El resultado sigue siendo una observación válida, pero no permite atribuir la diferencia con seguridad a un solo cambio.
Al registrar un objeto que flota, no es necesario que toda su superficie quede fuera del agua. Una parte puede estar sumergida mientras otra sobresale. Si el niño dice «está dentro del agua» y un compañero dice «flota», ambas personas podrían estar describiendo aspectos compatibles. Pregunten qué parte señala cada una y acuerden la descripción más precisa para la hoja.
Un objeto que permanece suspendido sin llegar a la superficie ni al fondo también merece una descripción propia si se observa claramente. No obliguen a elegir entre dos tarjetas que no representan esa posición. Pueden añadir una categoría como «queda entre la superficie y el fondo» o registrar «otro resultado». Si toca una pared o se sostiene de otra pieza, incluyan ese contacto.
Una predicción puede incluir más detalle que «flota» o «se hunde»: «Creo que la tapa quedará arriba con el borde visible». Después observen si la tapa realmente quedó así. El niño también puede decidir no predecir. Una respuesta detallada no es obligatoria para que la prueba tenga valor; la elección de participar y observar basta para comenzar.
Si el resultado no es claro por reflejos o movimiento del agua, den tiempo a que la superficie se calme y cambien el punto de observación solo si es cómodo y seguro. Un compañero puede describir lo que ve. Si todavía no pueden decidir, registren la duda. Una tabla con una casilla «no se distinguió» cuenta mejor la experiencia que una respuesta escogida al azar.
Después de un ensayo, el adulto retira el objeto antes de introducir otro, salvo que estén investigando explícitamente una carga. Dos objetos simultáneos pueden tocarse o sostenerse entre sí y crear una situación distinta. Separar las pruebas ayuda a saber a qué objeto corresponde cada resultado. Si se desea observar la interacción, nombren esa nueva pregunta como un experimento diferente.
El niño puede elegir cuál de estas preguntas quiere explorar otro día o decidir que una sola prueba fue suficiente.
Formulen una nueva pregunta y cambien una condición
Si el niño quiere continuar, puede preguntar qué ocurre con una pequeña taza adecuada cuando está vacía y cuando recibe un objeto grande y seguro en su interior. Prueben primero la taza vacía, retiren o registren el resultado y luego añadan la carga. El adulto supervisa cada paso. La taza puede inclinarse o tomar agua, de modo que conviene describir la posición y el estado final en cada intento.
Para un ejemplo con forma, un adulto puede preparar dos configuraciones de la misma porción de material apropiado: una compacta y otra con forma de recipiente. Prueben cada forma por separado, si el material puede usarse así. La forma de recipiente puede volcarse o llenarse; no hay que prometer que flotará. Usar la misma porción ayuda a mantener una condición, mientras la forma y el espacio de aire cambian.
Al comparar, no cambien sin avisar el recipiente de agua, el objeto y la forma de soltarlo a la vez. Si se modifican varias cosas, el resultado sigue siendo interesante, pero será más difícil saber qué diferencia influyó. El niño puede elegir una condición para cambiar y otra persona puede ayudar a mantener visibles las demás.
Una prueba repetida no tiene que producir idéntico resultado si cambian la orientación, la carga o el agua que entra en un objeto. Si una tapa quedó con el hueco hacia arriba en un intento y hacia abajo en otro, anoten esa diferencia. La repetición es una oportunidad para observar condiciones, no para obligar a que el segundo intento confirme el primero.
Si el niño quiere ordenar imágenes sin usar agua, preparen tres grupos: «lo observamos flotando», «lo observamos hundiéndose» y «no lo probamos». Una imagen de un objeto conocido no demuestra el comportamiento de otro objeto parecido. La tercera categoría permite hablar de lo que aún no se sabe sin inventar un resultado.
Una historia puede acompañar la exploración: un oso quiere llevar un bloque en una embarcación de juguete. Antes de añadirlo, acuerden que el recipiente y la carga son adecuados y que el adulto supervisa. El niño decide si quiere probar o solo inventar el viaje. La historia no necesita un resultado exitoso para terminar.
Cuiden la participación y cierren la actividad
Para un niño que no ve bien el interior del recipiente, un compañero puede describir dónde quedó el objeto y responder preguntas sobre si toca el fondo o sobresale del agua. Si se usa una alternativa táctil, el adulto comprueba que sea apropiada y el niño decide si quiere explorarla. La descripción del compañero es información compartida, no una prueba de que ambos percibieron exactamente lo mismo.
Si una persona usa tarjetas, estas pueden indicar «superficie», «fondo», «no estoy seguro» y «terminar». Elijan símbolos comprensibles y accesibles para el participante. Un adulto no debe seleccionar una respuesta por él para acelerar el juego. La tarjeta de terminar tiene el mismo valor comunicativo que las demás y debe poder usarse durante la actividad.
Dos niños pueden repartirse funciones: uno elige el objeto y el otro señala dónde quedó, con el adulto a cargo del agua. Pueden cambiar de papel si ambos lo desean o jugar por separado. Eviten competir por quién predijo correctamente. Una predicción que no coincide con el resultado puede dar lugar a una pregunta tan útil como una que sí coincide.
Al terminar, el adulto retira los objetos, vacía el recipiente y seca la superficie. El niño puede ayudar de una forma segura y voluntaria, por ejemplo acercando una toalla apropiada. El cierre no depende de contestar una última pregunta ni de repetir un resultado. Si hay una hoja, su autor decide junto con la familia si desea guardarla.
Más adelante pueden volver a mirar el registro y elegir otra pregunta. Si no recuerdan cuánto tiempo observaron un objeto, no atribuyan un tiempo exacto. La siguiente prueba debe describir sus propias condiciones. Un resultado bien contado es el que distingue lo observado, lo esperado y aquello que todavía no se sabe.
Respuestas útiles
¿Una predicción equivocada arruina la actividad?
No. La predicción se compara con lo observado; una diferencia puede dar lugar a una nueva pregunta.
¿Los objetos que se hunden reciben empuje del agua?
Sí. El agua también ejerce una fuerza de flotación sobre ellos, aunque en esa situación no los mantenga flotando en la superficie.
¿Es necesario que el niño toque el agua?
No. Puede elegir, señalar, comunicar una predicción o pedir a un compañero que describa y realice la prueba.
¿Se puede saber si todos los objetos de un material flotan con una sola prueba?
No. El resultado corresponde al objeto y las condiciones observadas; la forma, el contenido y otros factores pueden variar.




