Un marcador compartido y una hoja pueden dar a dos personas una razón para escuchar ideas, acordar un turno y decidir juntas cómo continúa un dibujo.
Un dibujo compartido con un solo marcador
Dos personas quieren dibujar en la misma hoja y tienen un marcador que ambas desean usar. Pueden acordar que cada turno consista en añadir una línea al dibujo y después entregar el marcador. Mientras una dibuja, la otra puede decidir qué añadirá o mirar la escena.
La meta es comunicar una propuesta, reconocer cuándo termina el turno y cuidar las ideas de los dos autores. Cada persona puede dibujar, indicar dónde debe ir una línea o pedir ayuda. La actividad funciona con dos niños que quieran participar o con un niño y un adulto.
Materiales y espacio
Preparen una hoja grande y un marcador lavable apropiado para los participantes. Elijan una superficie estable que se pueda proteger si hace falta. Si el marcador tiene tapa pequeña, un adulto puede guardarla durante el juego cuando sea necesario.
La hoja debe quedar visible y accesible para ambos. Una persona puede sostener el papel o mover el marcador siguiendo las instrucciones del autor. Si no quieren usar una hoja común, cada quien puede tener la suya y acordar cómo pasará el marcador.
Elijan un proyecto común
Pregunten qué quieren dibujar. Una opción es un parque inventado con un camino, un árbol y un banco, pero los jugadores pueden preferir una ciudad, un jardín o trazos sin representar objetos. El adulto no necesita imponer un tema.
Si las ideas son diferentes, pueden dividir la hoja en dos espacios o buscar una conexión entre ellas. También pueden decidir no compartir el dibujo. Un acuerdo funciona cuando cada participante entiende qué se propone y acepta su papel.

Definan el final de un turno
Para comenzar, acuerden que una persona traza una línea y luego entrega el marcador. Una línea puede ser corta o larga; señalen el punto donde la persona desea terminar antes de cambiar. Si resulta más claro, pueden acordar una forma pequeña por turno.
No usen “un rato” como única explicación si nadie sabe cuándo terminará. Una acción visible ayuda a anticipar el cambio. Si dibujar una línea requiere mucho esfuerzo o tiempo para un participante, ajusten la acción con su colaboración.
Un diálogo antes de empezar
Ana: “Quiero hacer un camino”. Leo: “Yo quiero dibujar un árbol”. Adulto: “¿Les parece que Ana haga la primera línea y luego Leo dibuje el tronco?” Las personas pueden aceptar, cambiar el orden o proponer otra secuencia.
Los nombres son ejemplos; usen los de quienes participan. Una persona puede indicar su elección con un gesto o una herramienta de comunicación. El adulto espera la respuesta de ambos antes de entregar el marcador.
La primera línea
La primera persona escoge dónde empieza el camino y traza una línea. La otra observa sin añadir marcas sobre ese espacio, salvo que el autor lo permita. Cuando la línea está terminada, el adulto puede decir: “Ahora podemos comprobar quién sigue”.
Si el autor necesita completar una curva, pregúntenle dónde considera que termina. No arrebaten el marcador en mitad de un movimiento. Una acción acordada debe ser lo bastante clara para el compañero y respetar la intención de quien dibuja.
El turno del compañero
La segunda persona recibe el marcador y decide dónde colocar su árbol. Puede preguntar: “¿Puedo dibujarlo cerca del camino?” El primer autor señala un lugar o propone otro. Si ambos aceptan, el árbol se añade allí.
La persona que recibe el marcador puede preferir otra figura o pasar. El adulto ayuda a que se escuchen las propuestas sin decidir que un dibujo debe tener necesariamente un camino o un árbol. El proyecto puede cambiar por acuerdo.

Cuando una indicación no es clara
Una frase como “dibuja aquí” puede referirse a varios lugares. El compañero puede señalar dos posibilidades y preguntar: “¿Junto a la curva o cerca del borde?” El autor indica una o explica otra ubicación.
Si alguien dibuja en el lugar equivocado, describan lo sucedido y pregunten cómo quieren continuar. Es posible dejar la marca e incorporarla a la historia, añadir una nueva línea o usar otra hoja. No borren el trabajo de una persona sin consultarla.
Pedir un poco más de tiempo
Si una persona está terminando el árbol y necesita completar una línea, puede decir: “Quiero acabar esta rama y después te paso el marcador”. La otra puede confirmar que entiende cuál será el final.
Si la acción se prolonga mucho y el compañero espera incómodo, el adulto puede preguntar qué parte queda y ayudar a negociar un final visible. No hace falta exigir la entrega inmediata ni prometer una espera indefinida.
Qué puede hacer quien espera
La persona que espera puede decidir dónde quiere dibujar su próxima figura, señalar un espacio libre o simplemente observar. También puede pedir ayuda si no sabe cuándo le tocará. No debe recibir una tarea alternativa como castigo.
Si prefiere parar, escuchen esa decisión. Pueden terminar la hoja, guardar el marcador o continuar con quien todavía quiere dibujar. La colaboración no requiere mantener a alguien en el juego contra su voluntad.
Dos ideas para un mismo lugar
Ambos quieren usar la esquina de la hoja. Una persona quiere dibujar un banco y otra una flor. Pregunten si desean colocar las dos figuras allí, elegir espacios diferentes o hacer dos versiones en hojas separadas.
Si no hay acuerdo, una pausa puede ayudar. El adulto no necesita declarar que una idea es mejor. Ayuda a formular opciones concretas y comprueba que las personas acepten la solución antes de continuar.
Cuidar una línea ya dibujada
Antes de cruzar o añadir algo sobre el dibujo del compañero, pregunten: “¿Puedo poner el puente sobre tu camino?” La otra persona puede aceptar, proponer otra ubicación o decir que prefiere conservar su línea.
Si alguien ya añadió una marca sin preguntar, deténganse y escuchen al autor de la línea. Pueden incorporar la marca, cambiar el plan o comenzar otra hoja. Pedir permiso para modificar una contribución enseña una forma concreta de colaborar.
Un acuerdo para dos hojas
Si cada participante quiere controlar su propio dibujo, usen dos hojas y un marcador compartido. Una persona añade una figura a su hoja y después entrega el marcador. La otra decide qué hacer en la suya.
El orden del marcador se comparte, pero las decisiones sobre cada hoja siguen perteneciendo a su autor. El compañero puede mirar o preguntar antes de sugerir cambios. Dos hojas permiten practicar la entrega sin obligar a crear una sola imagen.
Una señal para recordar el orden
Pongan dos tarjetas grandes con marcas distintas junto a la hoja. Cada persona elige una. La tarjeta cercana al marcador indica quién dibuja ahora; la otra recuerda quién sigue. Muevan las tarjetas cuando termina la línea acordada.
Las señales son opcionales. Si distraen, el adulto puede nombrar al jugador actual y al siguiente. Las tarjetas no sustituyen la conversación sobre cuándo termina la acción ni obligan a continuar si alguien quiere detenerse.
Una forma accesible de dibujar
Quien no quiera o no pueda sujetar el marcador puede indicar dónde empezar y terminar una línea. El compañero o el adulto mueve el marcador siguiendo esa dirección y comprueba antes de terminar: “¿La línea llega hasta aquí?”
Un gesto, la mirada o un dispositivo de comunicación pueden transmitir la elección. Dejen tiempo para responder y mantengan la hoja visible. Ayudar con el movimiento no da al ayudante autoridad para cambiar el dibujo sin preguntar.
Si alguien no quiere hablar
Los jugadores pueden señalar una figura, elegir entre dos lugares mostrados o usar una señal habitual para pedir el marcador. El adulto puede confirmar la interpretación antes de actuar. No es necesario pronunciar el nombre de cada elemento del dibujo.
Si una persona prefiere observar en silencio, puede hacerlo. Si no hay una respuesta clara, no supongan que aceptó un cambio en su dibujo. Ofrezcan otra forma de indicar sí o no, o esperen.
Un primer paso más sencillo
Empiecen con dos hojas y una sola línea por persona. El adulto dibuja una línea, entrega el marcador y el niño decide si quiere añadir otra en su propia hoja. Un intercambio puede bastar.
Si sujetar el marcador no resulta cómodo, el niño puede indicar dónde quiere que dibuje el adulto. Dejen el papel disponible y terminen cuando lo solicite. No hay una cantidad mínima de turnos que completar.
Una ampliación con un plan visible
Si ambos quieren un dibujo común más complejo, pueden acordar tres elementos: camino, árbol y banco. Dibujen o escriban una pequeña lista con sus palabras. Después de cada turno, miren qué elemento quieren añadir a continuación.
La lista es una ayuda flexible, no un contrato fijo. Pueden cambiar un banco por una fuente imaginaria o dejar la imagen terminada antes de completar todos los elementos. Expliquen el cambio a los dos autores.
Si el marcador pertenece a un jugador
Pregunten a su dueño si quiere prestarlo para el proyecto compartido. Puede negarse. Si hay otro marcador adecuado para todos, pueden utilizarlo; también es posible hacer dibujos separados con materiales disponibles.
Si acepta prestarlo, acuerden cómo se usará y cuándo regresará. La otra persona puede sentirse decepcionada por una negativa; el adulto reconoce ese sentimiento y ayuda a buscar una alternativa sin quitar el objeto.
Si la hoja se rompe o se mancha
Detengan el dibujo y comprueben qué ocurrió. Pregunten a los autores si desean continuar en la misma hoja, pegarla de manera segura o empezar otra. Un derrame o una rotura puede cambiar el plan, pero no necesita convertirse en una acusación.
El adulto limpia o retira materiales cuando haga falta. Si uno de los autores no quiere seguir, escuchen. La otra persona puede pedir una hoja nueva y continuar por separado si eso es posible.
Una conversación sobre el resultado
Al terminar, cada autor puede mostrar una parte que quiera explicar. Uno señala el camino y otro el árbol. El oyente puede preguntar: “¿Qué quieres que sepa de esta línea?” y aceptar que una persona prefiera no contar nada.
Si quieren guardar el dibujo común, acuerden dónde irá y si puede mostrarse a otras personas. No publiquen una imagen personal sin considerar las decisiones de sus autores y las reglas familiares. Una fotografía no es necesaria para la actividad.
Error frecuente: cambiar un dibujo sin pedirlo
Un adulto puede pensar que añadir una puerta o corregir una línea ayuda a completar la imagen. Si el autor no lo pidió, el cambio puede alterar su idea. Antes de intervenir, pregunten qué ayuda quiere y dónde debe hacerse.
Si el adulto ya cambió una parte, puede reconocerlo y ofrecer una solución: “Dibujé aquí sin preguntar. ¿Quieres una hoja nueva o prefieres seguir con esta?” El niño decide entre las opciones realmente disponibles.
Error frecuente: contar turnos como puntos
Que una persona haya hecho más líneas no indica por sí solo que colaboró mejor. Las líneas pueden tener duraciones distintas y un participante puede dirigir una acción sin sujetar el marcador. Observen si los acuerdos fueron comprensibles y si ambos pudieron elegir.
Si el reparto no funcionó, cambien el tamaño de la acción o utilicen dos hojas. No comparen a los niños por velocidad. Un turno debe ser una oportunidad de participar, no una puntuación de conducta.
Elegir el espacio antes de dibujar
Extiendan la hoja y pregunten dónde quiere trabajar cada persona. Una puede elegir una esquina para un árbol y la otra el centro para un camino. No hace falta trazar una frontera permanente si los autores prefieren decidir sobre cada nueva figura.
Si ambos señalan el mismo espacio, escuchen sus ideas antes de empezar. Pueden dibujar figuras pequeñas cercanas, seleccionar otra parte de la hoja o trabajar en dos hojas. Un adulto ayuda a expresar las opciones sin decidir cuál idea vale más.
Mantengan la hoja al alcance y visible. Quien no pueda moverla puede pedir a un compañero que la gire o acerque. Antes de girarla, comprueben que la nueva posición también resulte cómoda para la otra persona.
Un camino que termina junto a un árbol
La primera persona traza una línea para un camino. La segunda quiere dibujar un árbol cerca del final. Puede preguntar: “¿El árbol va aquí, junto a tu camino?” y señalar el lugar elegido. El autor del camino confirma o propone otro punto.
Si quieren que el camino rodee el árbol, acuerden esa nueva línea antes de añadirla. Un participante puede dibujarla y el otro indicar el recorrido. El dibujo final refleja una decisión compartida, aunque cada persona haya hecho una parte diferente.
Si la línea no queda como esperaban, pregunten si desean dejarla, agregar otra o empezar de nuevo. No borren ni tachen una marca simplemente porque un adulto imagina una solución distinta.
Un banco que necesita espacio
La segunda persona quiere dibujar un banco cerca del camino, pero el espacio parece pequeño. Muestren dos posibilidades sin marcar la hoja: un banco pequeño junto a la curva o un banco más grande al otro lado. La persona que lo dibujará puede elegir.
El primer autor puede indicar si alguna opción cruza una línea que desea conservar. Si no coinciden, pueden mover el banco a otra zona o usar una segunda hoja. La discusión se centra en el espacio compartido, no en quién tiene razón.
El banco es solo un ejemplo. Los participantes pueden elegir una mesa, un puente o una figura inventada. El objeto concreto debe corresponder al proyecto que acordaron, no a un dibujo que el adulto espera ver.
Pasar el marcador de manera clara
Antes de iniciar, decidan cómo se hará el cambio: entregar el marcador en la mano, colocarlo en un lugar acordado de la mesa o pedir a un adulto que lo acerque. Cada participante puede necesitar una forma distinta de recibirlo.
Cuando termina una línea, la persona que dibujó avisa con una palabra o gesto. El compañero espera esa señal y recibe el marcador de la forma acordada. Si la señal no se entendió, el adulto puede preguntar si el turno terminó.
Si sostener el marcador no es cómodo, el jugador puede dirigir a otra persona. El turno sigue siendo suyo mientras decide dónde va el trazo. La entrega física es una opción práctica, no la única manera de participar.
Una propuesta que el compañero rechaza
Una persona quiere dibujar una flor sobre el árbol que hizo su compañero. Pregunta antes de hacerlo y el autor responde que no. Pueden dejar el árbol como está y buscar un espacio para la flor, o proponer que aparezca en otra hoja.
El desacuerdo no exige que el autor justifique extensamente su respuesta. La otra persona puede expresar que le decepciona y pedir ayuda para encontrar una alternativa. El adulto reconoce ambas posiciones y evita dibujar la flor por decisión propia.
Si más adelante el autor cambia de idea, puede comunicarlo. Un permiso anterior también puede limitarse a una parte concreta; conviene confirmar antes de hacer otra modificación.
Añadir una figura entre dos marcas
Supongan que ya hay un camino y un árbol. Uno de los jugadores quiere colocar una pelota dibujada entre ambos. Señala el espacio y pregunta si la otra persona acepta que esa figura quede cerca de sus marcas.
El compañero puede sugerir que la pelota esté más lejos para dejar visible el camino. Los jugadores comparan las ubicaciones sin tocar aún el papel. Cuando acuerdan una, la persona a quien toca dibujar hace la figura o dirige a un ayudante.
Si el espacio es insuficiente, pueden dibujar la pelota en otra hoja y colocarla junto al proyecto. No tienen que amontonar elementos para cumplir una lista previa.
Turnarse para elegir y para trazar
En una ronda, una persona elige la próxima figura y la otra la dibuja según sus indicaciones. En la siguiente, si ambas quieren, intercambian los papeles. Antes de cada trazo, quien dibuja pregunta dónde debe comenzar.
Por ejemplo, Ana dice “una nube encima del árbol”. Leo muestra el lugar con el marcador sin tocar el papel. Ana confirma o señala otro sitio. Entonces Leo traza la nube. Los dos aportan decisiones diferentes al mismo elemento.
Si quien elige prefiere dibujar por sí mismo, pueden modificar el reparto. No hay obligación de alternar exactamente de la misma forma durante toda la actividad.
Cuando el marcador deja de pintar
Si el trazo se vuelve tenue, detengan la acción y prueben el marcador en un papel aparte. Puede que necesite la tapa o que haya dejado de funcionar. Un adulto decide cómo manejar el material y ofrece otro marcador si está disponible.
Expliquen cómo afecta el cambio al acuerdo: “Este ya no pinta. Hay otro azul; ¿quieren usarlo?” Los autores pueden aceptarlo, elegir otro color o terminar. No continúen sobre la hoja sin comprobar que ambos están conformes.
Si no hay reemplazo, una persona puede contar cómo quería completar su parte o guardar la hoja para otro momento. No prometan una continuación que no puedan organizar.
Un desacuerdo sobre el color
Ambos quieren el mismo marcador azul, pero una persona propone que el árbol también sea azul y la otra lo imagina verde. Si solo hay un marcador azul, expliquen esa limitación y pregunten si quieren un árbol azul, una forma sin color o un plan distinto.
Un árbol imaginario puede ser azul si sus autores lo deciden. Si uno quiere representar un árbol observado, puede buscar una manera de describir el color sin disponer del marcador correspondiente. No supongan que una sola opción es la correcta.
Si hay varios marcadores y deciden usar uno cada uno, la necesidad de turnarse por ese objeto desaparece. La actividad puede continuar como colaboración con materiales separados, sin inventar una espera innecesaria.
Terminar una línea sin medir el tiempo
Una persona comienza un camino que recorre la hoja. La otra pregunta cuándo podrá dibujar. El autor puede mostrar el punto final que propone: “Cuando llegue a este borde”. El compañero ve la meta y decide si el acuerdo le parece viable.
Si el recorrido es muy largo, pueden acordar terminar en una marca más cercana y continuar el camino en un turno posterior. El cambio debe aceptarse antes de mover el marcador, no imponerse de improviso.
No es obligatorio usar un cronómetro. Una acción observable suele ser suficiente para que los jugadores sepan qué falta. Si el tiempo disponible termina por una razón externa, el adulto explica la situación y ayuda a cerrar el juego.
Contar la historia del dibujo sin competir
Al terminar, una persona puede empezar: “Este camino lleva al árbol”. La otra añade: “Aquí hay un banco”. El adulto puede señalar las partes que mencionan y preguntar si quieren incluir algo más.
Si los autores cuentan versiones diferentes, ambas pueden ser historias posibles. Para una decisión práctica, como dónde poner una etiqueta, conviene acordar el texto. Para un relato imaginario, no hace falta elegir una única interpretación.
Nadie debe hablar más tiempo para demostrar que participó. Un gesto, una señal o una sola palabra también puede señalar una contribución. La conversación termina cuando los autores quieran.
Qué hacer con la hoja común
Pregunten si quieren guardarla, mostrarla a alguien o reciclarla. Si las personas desean cosas diferentes, busquen un acuerdo: por ejemplo, dejarla en un lugar compartido durante un tiempo que sí puedan cumplir, o hacer dibujos separados.
Una foto puede ser una opción solo si la familia la quiere y quienes corresponda están de acuerdo; no es necesaria para que la actividad tenga valor. Eviten añadir nombres completos u otros datos personales sin una razón.
Si la hoja pertenece a dos autores, no decidan unilateralmente que uno debe llevársela. El adulto ayuda a explorar opciones disponibles y respeta la decisión alcanzada.
Observar la siguiente oportunidad
Después del juego, el adulto puede recordar si la señal de final de turno fue clara y si ambos pudieron expresar dónde querían dibujar. Tal vez el marcador estaba fuera del alcance de uno o las dos figuras necesitaban más espacio.
En otra ocasión, adapten el material a esa observación: una hoja más grande, dos hojas o una posición distinta en la mesa. No hace falta repetir exactamente el mismo dibujo. Un nuevo plan puede utilizar las estrategias que resultaron útiles.
No conviertan la conversación en una evaluación del carácter. Una petición de ayuda, una negativa o una propuesta diferente aporta información sobre cómo hacer más comprensible el juego compartido.
Continúen en BrainHunters
Si el niño desea una actividad digital por separado, pueden explorar juntos las actividades de formas de BrainHunters. Lean la instrucción que aparezca y acuerden cómo indicará una respuesta.
El dibujo compartido no se registra automáticamente en el sitio. No hace falta una pantalla para planear una imagen y conversar sobre el uso del marcador.
Respuestas útiles
¿Deben dibujar en la misma hoja?
No. Pueden usar dos hojas y compartir el marcador si prefieren conservar el control de sus propios dibujos.
¿Puede participar quien no sujeta el marcador?
Sí. Puede indicar la ubicación y dirigir a un compañero o adulto para que haga el trazo.
¿Qué pasa si el marcador es personal?
Pregunten a su dueño si quiere prestarlo. Puede negarse y buscarse otro material disponible.



