Nora prepara un lugar para su muñeco. Cuenta la historia y usa imágenes para explorar el orden de tres acciones.
Una historia corta para ordenar tres acciones
Antes de desayunar, Nora quiere preparar un lugar para su muñeco. Primero coloca una servilleta, después pone un vaso vacío y al final sienta al muñeco. El niño puede escuchar la historia, ordenar tres imágenes y contar o mostrar qué ocurrió primero, después y al final.
La propuesta suele caber en unos minutos, pero no exige una duración exacta. Si la mañana está apurada o alguien tiene hambre, el desayuno no debe esperar a que termine la actividad. Pueden contar la historia en otro momento o dejarla para otro día.
Las palabras «primero», «después» y «al final» sirven para hablar de relaciones entre acciones. No describen cuánto tarda cada una ni obligan a realizar una actividad real de cocina. En esta historia, la servilleta aparece antes que el vaso y el muñeco se sienta al final. El niño puede comprobarlo mirando las escenas mientras las escucha.
Nora es un personaje inventado y puede recibir otro nombre o ser una figura sin nombre. Si el niño prefiere una historia sobre preparar una mesa de dibujo, mantén tres acciones que tengan sentido en ese contexto. Una secuencia familiar para los participantes suele ser más fácil de conversar que una escena que nadie reconoce.
La actividad puede adaptarse a una familia en la que el desayuno ocurre a diferentes horas o en diferentes lugares. La escena de Nora es imaginaria: no describe una costumbre que todos deban seguir. Si las palabras o los objetos no resultan familiares, sustitúyelos por opciones que el niño reconozca y acuerden sus nombres.
Una rutina breve funciona como invitación cuando el niño sabe que puede detenerse. Antes de empezar, puedes mostrar las tres tarjetas y preguntar si desea escuchar la historia. Si no quiere, guarda el material sin exigir una explicación y atiende las necesidades de la mañana.
Prepara tres imágenes claras
Dibuja en tarjetas grandes una servilleta, un vaso vacío y un muñeco, o utiliza objetos seguros que el niño ya conozca. Evita recipientes frágiles, líquidos calientes y piezas pequeñas que no sean adecuadas para los participantes. Los ejemplos pueden cambiar según lo que haya en casa.
Antes de empezar, pregunta cómo llama el niño a cada imagen. Puede decir «vaso», «taza» o usar un símbolo propio. Acuerden los nombres que usarán en la historia para que todos sepan de qué objeto hablan. Las imágenes deben estar al alcance visual o del método de elección habitual del niño.
Una tarjeta puede mostrar la servilleta sobre la mesa, otra el vaso y otra el muñeco sentado. Si en todas aparecen los tres objetos sin un cambio visible, puede ser difícil distinguir la acción de cada escena. Una alternativa es dibujar únicamente el objeto que se añade en cada paso y explicar esa convención.
El vaso debe estar vacío para el ejemplo. Si se utiliza una taza en vez de un vaso, el adulto y el niño acuerdan el nombre antes de contar. Los objetos reales pueden colocarse junto a las tarjetas, pero no se necesita preparar comida ni manipular líquidos.
Para una persona que responde con símbolos, comprueba que los símbolos de los objetos y de la secuencia sean familiares. Puedes indicar cada tarjeta y esperar una confirmación. Si una imagen no se distingue con comodidad, usa una más grande o una descripción oral acordada.
Cuenta la primera escena
Nora encuentra una mesa despejada y coloca una servilleta. Muestra la tarjeta correspondiente y di: «Primero, Nora pone la servilleta». El niño puede poner la tarjeta delante de sí o indicar a un ayudante dónde colocarla. Una pausa permite comprobar que ambos hablan de la misma imagen.
Si el niño quiere elegir otro objeto para el primer paso, escucha su idea. La historia puede empezar con una manta o un plato seguro. Cambia también la tarjeta o el nombre acordado. La actividad trata de una secuencia comprensible, no de imponer una forma única de preparar el desayuno.
Señala el espacio que representa la mesa y coloca la primera tarjeta o el objeto seguro allí. Di «Esta es la primera acción de nuestra historia». El niño puede mostrar si entendió cuál fue la elección. No es necesario pedirle que repita la frase completa.
Si el niño describe la servilleta por su color o textura, escucha esa observación. Después puedes preguntar si quiere continuar con la historia. Una descripción del objeto y una respuesta sobre el orden son cosas distintas; ambas pueden tener lugar sin convertir cada comentario en una prueba.

Añade la segunda acción
Nora pone un vaso vacío sobre la mesa. Di: «Después, coloca el vaso». Sitúa la tarjeta a continuación de la primera, en el orden de lectura o disposición que resulte cómodo para el niño. Si la familia prefiere una columna, expliquen que la tarjeta superior es el primer paso.
Pregunta: «¿Qué hizo Nora después de poner la servilleta?». El niño puede señalar el vaso, decir su nombre o pedir que se repita la frase. Deja las tarjetas visibles durante esta primera explicación. No es necesario que recuerde toda la historia sin ayuda.
Al colocar la tarjeta del vaso, puedes recordar las dos acciones: «Primero la servilleta; después el vaso». Señala cada tarjeta mientras hablas. Si un ayudante mueve la segunda tarjeta, confirma la posición que eligió el niño. La ayuda física no decide por sí sola el orden de la historia.
Un participante puede querer escuchar las dos frases otra vez antes de responder. Repite el relato con los mismos nombres acordados. Si cambias «vaso» por «taza» a mitad de la escena, avisa o aclara que estás hablando del mismo objeto; de lo contrario el niño podría pensar que hay una acción nueva.
Cierra la historia con una tercera acción
Nora sienta al muñeco junto a la mesa. Di: «Al final, sienta al muñeco». Añade la tercera tarjeta y muestra la secuencia completa: servilleta, vaso, muñeco. El niño puede repetir una parte, recorrer las tarjetas con la mirada o proponer una frase distinta.
La historia no establece que todas las familias usen servilletas, vasos o muñecos al desayunar. Son objetos del ejemplo. Un niño puede preferir contar que su personaje prepara una cuchara, una taza o un libro. Lo importante es que las acciones y su orden sean claros.
Cuando el muñeco se sienta, recorran las tres tarjetas sin prisa. Un adulto puede narrar y el niño puede señalar, o pueden intercambiar esas funciones. Si la persona usa un dispositivo, deja tiempo para seleccionar el símbolo de cada acción. La secuencia puede comunicarse de distintas maneras.
Pregunta «¿Quieres volver a contarla o terminar?». Si la respuesta es terminar, no hace falta pasar a la mezcla de tarjetas. Si quiere continuar, acuerden que intentarán representar la misma versión o crear una nueva. Esa decisión define qué se comprobará después.
Un diálogo sobre el orden
Adulto: «Nora puso primero la servilleta. ¿Qué colocó después?». Niño: «El vaso». Adulto: «Sí, el vaso fue la segunda acción. ¿Qué hizo al final?». Niño: señala al muñeco. Adulto: «Al final lo sentó junto a la mesa». El adulto puede señalar cada tarjeta mientras relata.
Si el niño dice «el muñeco» como segunda acción, pregunta qué historia está contando. Tal vez quiere cambiar el orden. Pueden contar su versión y colocar las tarjetas de acuerdo con ella. Si la pregunta era recordar la versión anterior, vuelve a leerla antes de comparar los dos relatos.
Otra conversación empieza con una respuesta parcial. Adulto: «¿Qué ocurrió primero?». Niño: señala la servilleta. Adulto: «Elegiste la servilleta. ¿Quieres mostrar qué pasó después?». El niño puede señalar el vaso o pedir que se repita la historia. El adulto no necesita completar la respuesta antes de que el niño tenga tiempo.
Si el niño señala el vaso cuando el adulto pregunta por el primer paso, ambos pueden revisar las tarjetas. «Escuchemos otra vez: primero la servilleta, después el vaso». Luego pregunta si el niño quiere cambiar su elección o contar una versión diferente. La revisión es una opción, no una obligación de acertar.
Si el niño pregunta por qué Nora eligió ese orden, el adulto puede responder que es una decisión del personaje en esta historia. Otra persona podría preparar las cosas de otro modo. La comparación se refiere al relato acordado, no a una regla universal de la vida familiar.
Ordenar las tarjetas
Después de contar la historia, mezcla las tres tarjetas a la vista del niño. Pregunta si quiere ordenarlas para representar lo que acaba de escuchar. Si prefiere mantenerlas en su sitio, no es necesario mezclarlas. Puede señalar el orden mientras un adulto mueve las tarjetas bajo su dirección.
Al terminar, recorran la secuencia: «primero», «después», «al final». Si una tarjeta quedó diferente de la versión inicial, pregunta qué ocurrió en la historia que el niño quiere contar. La comprobación puede llevar a corregir la secuencia o a reconocer que se inventó otra.
Mezclar a la vista del niño conserva la información de que las tarjetas representan los mismos tres objetos. Colócalas separadas y deja un espacio para la fila elegida. Antes de empezar, explica desde qué extremo o posición se leerá la secuencia. Esa convención puede variar según la forma de comunicación del participante.
Al ordenar, un niño puede mover primero la tarjeta que representa el final y después colocar las otras delante. El orden de los movimientos físicos no tiene que coincidir con el orden final de la historia. Pregunta por la secuencia terminada antes de concluir qué quiso representar.
Si una tarjeta se desliza fuera de la fila, pide confirmación antes de devolverla a un lugar. Un adulto que corrige el orden sin consultar puede alterar la elección del niño. Una superficie estable o una bandeja puede ayudar a mantener las tarjetas donde se colocaron.
Si la familia utiliza una fila de izquierda a derecha, señala el inicio antes de mezclar las tarjetas. Una columna de arriba abajo también puede servir. Lo importante es que el orden elegido sea accesible y comprensible para quienes participan, no que todos usen el mismo diseño.
Una vez formada la fila, el niño puede señalar la tarjeta del medio sin nombrar su objeto. El adulto pregunta si se refiere al vaso y espera confirmación. Después puede decir «En esta versión el vaso aparece después de la servilleta». El gesto y la palabra se verifican juntos.

Una versión nueva también puede tener sentido
El niño puede decidir que Nora sienta primero al muñeco y después coloca la servilleta y el vaso. Esa secuencia puede ser coherente como historia nueva. No es la misma que la primera. Distingue entre «recordar nuestro relato» e «inventar otro orden» antes de valorar la elección.
Para comparar ambas versiones, usa dos filas de tarjetas o dos dibujos. Señala cuál corresponde a cada relato. Evita afirmar que una acción es imposible solo porque no sigue el orden planeado por el adulto. La pregunta es qué secuencia se acordó o se inventó.
Puedes contar las dos versiones con nombres distintos: «la historia de Nora» y «tu nueva historia», si el niño acepta esas etiquetas. En una, la servilleta va primero; en la otra, el muñeco se sienta primero. Al mirar las tarjetas, cada versión se comprueba contra sus propias acciones.
Una variación puede añadir una acción diferente en lugar de cambiar el orden. Por ejemplo, el personaje abre un libro después de sentar al muñeco. Si no hay una imagen para el libro, pueden dibujarla o describirla oralmente. Aclara que esta acción no estaba en el primer relato.
Un error frecuente: cambiar la pregunta
Si primero pides recordar qué ocurrió después de la servilleta y luego preguntas qué objeto es más grande, has cambiado de tarea. Ambas preguntas pueden ser interesantes, pero requieren información distinta. Indica cuándo comienzan las nuevas condiciones y no uses una respuesta anterior como si respondiera a otra pregunta.
Otro error es dar una instrucción poco clara como «ponlo aquí» sin señalar el lugar. El niño puede colocar una tarjeta en un sitio razonable pero distinto del pensado por el adulto. Aclara dónde empieza la secuencia y cómo se representa el siguiente paso.
«¿Qué pasó primero?» se refiere a la secuencia contada. «¿Qué tarjeta moviste primero?» se refiere al procedimiento físico de ordenar. Un niño puede colocar primero la tarjeta final y aun así construir la secuencia correcta. No uses la primera tarjeta que tocó como prueba automática del orden que entendió.
También conviene distinguir «antes del desayuno» como momento de la rutina de «primero en la historia» como posición de una acción. La historia puede contarse después de comer sin que cambie el orden de la servilleta, el vaso y el muñeco. El momento real y la secuencia imaginada son datos distintos.
Cómo facilitar la actividad
Empieza con dos acciones: poner la servilleta y después colocar el vaso. Muestra ambas imágenes mientras cuentas. Pregunta qué ocurrió primero o qué vino después. La tercera acción se puede añadir si el niño desea continuar.
Si recordar sin ver las tarjetas es difícil, déjalas visibles. Un relato acompañado de imágenes es una actividad con apoyo visual; ocultarlas añadirá una exigencia de memoria. Elige la versión que resulte cómoda y explica el cambio antes de hacerlo.
Con dos tarjetas, muestra una al decir «primero» y otra al decir «después». El niño puede señalar una de ellas mientras el adulto lee las frases. Si prefiere objetos reales, una servilleta grande y un vaso seguro pueden cumplir la misma función bajo supervisión.
Otra ayuda consiste en dejar una flecha grande junto a la fila para indicar cómo se recorrerá. Explica qué significa antes de preguntar. Si la flecha no resulta accesible o confunde, utiliza otra señal acordada. La ayuda debe aclarar el orden para la persona, no añadir una regla desconocida.
Cómo añadir un paso
El niño puede inventar una cuarta acción, por ejemplo guardar el vaso después de la historia. Coloca una nueva tarjeta o dibuja esa acción y aclara si ocurre antes o después de sentar al muñeco. Luego recorren la secuencia completa.
Otra posibilidad es que el niño cuente la historia a un adulto que no la haya escuchado. El adulto señala las tarjetas según la descripción y confirma lo que entendió. Si una acción queda poco clara, puede pedir una pista. No es necesario producir una oración larga para cada tarjeta.
El niño puede crear una tarjeta para una acción nueva: «Nora guarda el vaso». Pregunta dónde quiere colocarla y luego narra esa versión con la nueva acción. Si la tarjeta va al final, no implica que fuera parte de la historia original. Dos secuencias pueden guardarse o contarse por separado.
Para otro desafío, el adulto puede presentar las tarjetas en orden y pedir al niño que encuentre la que corresponde a «después». Si hay más de una acción posterior a la primera, especifica «inmediatamente después de la servilleta». Una pregunta precisa evita varias interpretaciones legítimas.
Un niño que quiere narrar sin tarjetas puede describir las acciones con palabras o señales y pedir al adulto que las dibuje. El adulto repite cada paso antes de dibujarlo. Al final ambos revisan si el dibujo representa la versión que el niño quería contar.
También se puede retirar una tarjeta de la fila ya ordenada y preguntar qué imagen falta, pero esa es una nueva tarea de memoria. Explícala antes de retirar la tarjeta. Si el niño prefiere conservar todas las imágenes visibles, continúen con la actividad de secuencia sin añadir esa exigencia.
Participar con un compañero
Una persona puede narrar y otra ordenar las imágenes. Después pueden cambiar de papel si ambos quieren. Si el niño dirige a un ayudante, este pregunta: «¿Quieres que ponga el vaso después de la servilleta?» y espera confirmación antes de mover la tarjeta.
Dos niños pueden inventar versiones distintas con las mismas imágenes. Coloquen cada secuencia por separado y pidan a sus autores que expliquen o muestren el orden. No necesitan competir por cuál relato es mejor.
Un compañero puede escuchar la historia y organizar las tarjetas, mientras el niño confirma si reflejan su versión. Si una imagen queda en otro lugar, el autor puede señalarlo o pedir una explicación. Después los participantes deciden si cambian la fila o cuentan un relato diferente.
Si el compañero necesita ayuda para mover una tarjeta, el niño puede indicar el lugar y un adulto ejecutar el movimiento. Antes de hacerlo, confirma el paso elegido. La persona que dirige la acción conserva su decisión aunque otra persona manipule el material.
Accesibilidad y registro opcional
Tarjetas grandes, imágenes con poco detalle y una superficie estable pueden facilitar la elección. El niño puede responder con la mirada, un gesto, palabras o un dispositivo. Un adulto debe confirmar una señal que no entienda y dar tiempo suficiente para que el participante responda.
Si quieren conservar la historia, pueden dibujar las tres escenas y añadir «primero», «después» y «al final». Un adulto puede escribir por indicación del niño y leer lo escrito para confirmar su intención. Guardar la hoja, fotografiar al niño o compartirla no es necesario.
Para una respuesta por mirada o dispositivo, deja las opciones visibles el tiempo necesario y confirma cualquier señal ambigua. Una tarjeta de «terminar» o una palabra habitual de rechazo permite decidir cuándo parar. No interpretes automáticamente el silencio como una respuesta incorrecta.
Una nota opcional puede decir: «Con las tarjetas visibles, el niño señaló primero la servilleta y después el vaso». Si un adulto leyó las frases o movió las tarjetas por indicación, eso puede añadirse. El registro describe una situación concreta, no toda la capacidad de memoria o lenguaje del niño.
Si un adulto escribe la historia, puede añadir quién movió las tarjetas y por indicación de quién. Una frase como «el niño eligió las imágenes y el adulto las colocó» diferencia elección y ayuda física. No es necesario asignar una puntuación ni hacer comparaciones entre niños.
Una página guardada puede mostrar una secuencia incompleta si el niño decidió terminar tras dos escenas. Ese registro sigue describiendo lo que ocurrió. No agregues una tercera acción como si se hubiera realizado; escribe que la actividad se detuvo o deja la página sin completar.
Continuar en BrainHunters
Si el niño desea otra actividad, pueden explorar las actividades de formas en BrainHunters. Lean la consigna concreta y comprueben que el modo de respuesta sea accesible. La actividad digital puede tener una meta distinta de ordenar una historia.
También pueden terminar después de contar una escena o de ordenar las tarjetas. La continuación no depende de completar un número de pasos ni de usar una pantalla.
Respuestas útiles
¿Es obligatorio hacer la actividad antes de desayunar?
No. Pueden elegir otro momento; una comida no debe retrasarse para completar la historia.
¿Qué pasa si el niño inventa otro orden?
Puede ser una nueva historia. Distingan inventarla de recordar la secuencia anterior.
¿Debe mover las tarjetas por sí mismo?
No. Puede indicar su elección y pedir a un ayudante que las coloque.



